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Voluntariado Ariztía nuevamente hace milagro de generosidad: esta vez con damnificados de Valparaíso

Con sensaciones difíciles de explicar -pero que engrandecieron el alma de cada uno-, regresó el 31 de mayo de 2014 el Voluntariado Ariztía desde los Cerros “Las Cañas” y “La Cruz”, tras haber formado parte de la campaña interna de ayuda donada por 280 colaboradores de nuestra empresa, lo que permitió mejorar e implementar parte de las viviendas de emergencia de tres familias directas de colaboradores de la Sucursal de Con-Cón que resultaron gravemente afectadas por el dantesco incendio registrado en Valparaíso el pasado 12 de abril.

La iniciativa comenzó con un llamado a todos los colaboradores de la compañía a entregar su aporte vía descuento por planilla, lográndose reunir $1.644.802, dinero que fue invertido en la compra de materiales de construcción, línea blanca y un camarote totalmente equipado que fueron distribuidos entre tres familias, a quienes además se les regalaron quillayes y mástiles con sus respectivas banderas chilenas, a fin de motivarlos a salir adelante ante este terrible episodio.

Debido a que la última de los nombrados presentaba más necesidades, ya que sólo contaba con su mediagua, el voluntariado conformado en esta ocasión por 21 colaboradores de Ariztía, decidieron trabajar con esta familia para entregar toda su energía y buena disposición en equipar su vivienda, transformándola en un sitio acogedor y calientito.

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“Se los agradezco en el alma. Nunca pensé que una empresa nos iba a ayudar, junto a sus trabajadores. No quería regresar acá por los recuerdos, pues ese día estaba adentro de mi casa cuando mis hijos (de 16, 14 y 6 años) me dijeron: ‘mamá hay un incendio’, pero no le dimos mayor importancia hasta que llegó a las casas. Ahí en un abrir y cerrar de ojos tuvimos que salir arrancando sin tiempo para rescatar nada, pues sólo pensamos en salvarnos de las llamas. Así vimos como se quemaba nuestra casa y fue terrible”, afirmó la Señora Jacqueline.

Tras la tragedia, la pobladora junto a su familia se fue a vivir con su hija mayor a El Bollenar (Melipilla) con la clara intención de no volver al puerto, ya que los recuerdos la atormentaban y deprimían. Lo anterior cambió cuando fue contactada por personal de Ariztía para coordinar la ayuda. “Cuando volví con ustedes, si bien volvieron los recuerdos ahora fue diferente, pues con el apoyo demostrado comencé a animarme para comenzar de nuevo. Verlos aquí trabajando con tanto cariño es una alegría inmensa, es mucho lo que me han ayudado. Mi casa quedó calientita por dentro y no sé cómo agradecer”, afirma.

Marco López Álvarez acota muy emocionado que “tenía mi hermosa casa y quedé prácticamente en la calle. Empecé de cero. Acá vivíamos 8 personas (4 adultos y un número similar de niños). Yo estoy aquí cuidando mis cosas, porque siempre hay gente que se aprovecha de las demás. Conseguí dos mediaguas por aquí y por allá, y con la ayuda de ustedes espero forrarlas por fuera. No sé qué decirle a los muchachos y a la empresa. Me siento conforme y muy agradecido”.7

Paolo Celedon, voluntario, señaló que “quiero agradecer a Ariztía y al voluntariado la oportunidad de vivir tan conmovedora experiencia. Soy porteño de corazón y ver esta catástrofe me golpeó muy fuerte; no obstante, ayudar de manera tangible y compartir con mi gente fue inexplicable. Nuestra empresa una vez más demostró lo importante que son sus trabajadores y estoy agradecido de pertenecer a esta familia, pues esta acción me confirmó que con cariño y esfuerzo todo se puede lograr”.

Luis Soto, voluntario, manifestó que “conversando con Iván Villavicencio, voluntario, llegamos a la conclusión de que lo más importante es entregar dignidad a las familias que ayudamos. El paisaje de esos cerros es desolador y nos dejó una huella imborrable del sufrimiento de todos esos pobladores. Fue una linda experiencia haber trabajado y compartido con personal de la Sucursal Con-Cón”.

Victoria Plaza, voluntaria, acotó que “fue una experiencia impactante. Es primera vez que participo, por lo que ver y dimensionar lo ocurrido con el incendio es estremecedor. La realidad de esas personas es completamente diferente a lo acostumbrado, me hizo reflexionar y pensar que muchas veces no valoramos lo que tenemos y -como el común de los seres humanos- queremos siempre más. Destaco la labor del voluntariado, pues trabajan en forma disciplinada y con mucho amor. Son perfeccionistas y de una calidad humana indiscutible”.

José Ulloa, voluntario, dijo que “el panorama es desolador. Sin embargo, las familias más humildes poco a poco han salido adelante. Trabajamos en la limpieza del sitio e instalación de materiales de construcción. Fue una labor intensa y coordinada que finalmente logró nuestro objetivo. Quiero recalcar y agradecer el aporte desinteresado de los colaboradores Ariztía para que todo esto se pudiera concretar”, concluye.
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